Una de las cosas que peor manejamos las personas es la incertidumbre. Nos genera mucha inquietud no saber qué ocurrirá y si las cosas irán bien por eso tendemos a intentar tener bajo control todo lo que nos ocurre y como no, lo que nos ocurrirá.
Esta angustia ante el futuro, incluso el más próximo, nos lleva muchas veces a pensar sobre lo que sucederá. La cuestión es que la mayoría de las veces los pensamientos sobre qué va a suceder son negativos. Tendemos a “ponernos en lo peor”.
Esto genera sufrimiento y una angustia, muchas veces innecesaria. ¿Pero por qué tendemos a tener pensamientos anticipatorios negativos? Porque a corto plazo nos generan una falsa sensación de control y tranquilidad. Sí, aunque suene paradójico nos genera una falsa sensación de estar “preparándonos” para cuando llegue lo malo. Creemos que si nos “preparamos” antes de que ocurra o pienso en las mil opciones negativas sabremos enfrentarlo mejor o lo pasaremos menos mal cuando llegue ese evento negativo.
Pero la realidad es que nos generamos una angustia anticipada que rara vez ayuda cuando llega el evento negativo. Es más, muchas veces eso que creíamos que ocurriría no ocurre o no ocurre de esa forma tan catastrófica, por lo tanto, ¿De qué sirvió preocuparse antes de tiempo?
Además ante las anticipaciones negativas iniciamos una búsqueda de soluciones a múltiples e hipotéticos problemas futuros, pero corremos el peligro de meternos en una espiral, en un bucle, puesto que los hipotéticos problemas y situaciones pueden ser infinitos y por lo tanto las hipotéticas soluciones también. Y como todos sabemos…lo infinito nunca tiene fin.
Y en las situaciones en las que se cumple nuestra horrible predicción, ¿La angustia y ansiedad acumulada nos ayudará a enfrentarlo mejor? O ¿habernos angustiado antes de tiempo cambiará el hecho de que algo negativo nos está ocurriendo? La respuesta, obviamente es no.
Así que intentemos llevarnos bien con la incertidumbre sobre qué pasará en nuestro futuro, incluso en las siguientes horas de nuestra vida. Y confiemos en nuestra capacidad de resolución y de enfrentamiento de problemas y situaciones complicadas, esa es nuestra mejor arma para cuando lleguen dichas situaciones.
Por lo tanto, nos llevaremos mejor con la incertidumbre cuando dejemos de intentar buscar el control del futuro, o del exterior, el control está en nosotros mismos, en nuestras capacidades.
Si trabajamos nuestra autoestima, el conocimiento y el valor de nuestras capacidades, empezaremos a confiar en nuestra capacidad de afrontar, gestionar y/o manejar cualquier situación, sea cuál sea dicha situación.










