M. llega a nuestra consulta de Diego de León, siente mucha rabia y frustración con su jefe. No consigue que le comunique las cosas con suficiente antelación, ni le explica bien todas las cosas que luego tiene que hacer él. Como consecuencia, se pasa la vida intentando decirle esto, su jefe le da largas y nada cambia. Se pasa los días en el trabajo indignándose, enfadado, y sufriendo con la situación laboral que tiene en este momento. Hoy por hoy, no puede cambiar de trabajo así que, ésta va ser, de momento, su situación laboral.
M. siente esto como una injusticia que “debería” cambiar: “Mi jefe debería cambiar y explicarme las cosas antes de que las tenga que hacer”. He intentado hablar muchas veces con él y explicárselo de muchas maneras y, aún así, él no cambia. Se siente muy frustrado y enfadado. “¿Qué puedo hacer para cambiarlo?”. Pues quizá, éste sea el primer error que comentemos: intentar cambiar situaciones/personas cuando el cambio, en algunas ocasiones, no depende de nosotros.
El primer paso es la aceptación: aceptar que hay eventos, situaciones y/o personas en la vida cuyo cambio no está en nuestras manos.
La aceptación no es lo mismo que el conformismo. A menudo se confunden ambos términos. Aceptar no es lo mismo que dejar de luchar, ni tampoco significa perder. Todo lo contrario, el proceso de aceptación es un primer paso hacia crecer, y evolucionar.
Es “dejar de darse cabezazos contra la misma pared” para buscar otras alternativas para “pasar a la otra habitación”. Supone aprender que, a veces, nos toca tolerar ciertos niveles de malestar, pero esto no es el fin del mundo. Es aprender a ser realistas ; y la realidad no siempre es tan buena como nos gustaría que fuera.
Asumir que hay cosas de la vida que no depende de nosotros cambiar, no es conformarse. Cuando uno realiza un proceso de aceptación de ciertas realidades inalterables en ese momento de la vida, el malestar no desaparece mágicamente, pero sí cambia el planteamiento ante la situación: en lugar de intentar cambiar la situación, me plantearé cómo cambiar yo para manejarlo mejor y que me afecte menos.
En situaciones en las que el cambio no depende de nosotros, las cuestiones más apropiadas serían: ¿Qué podemos hacer para sentirnos menos mal en esa situación? ¿Qué podemos hacer para manejarnos mejor en esa situación?
No siempre controlamos nuestro mundo exterior, pero sí podemos tener control interno, tanto de nuestros pensamientos y emociones, como de nuestros actos. Si aprendemos a Aceptar ciertas realidades, comenzaremos a frustrarnos menos, a vivir menos enfadados y, seremos capaz de ver las circunstancias desde otra perspectiva. Desde esa nueva perspectiva seremos más resolutivos.
“…Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.” Jung










