¿Ante una misma situación todos nos sentimos igual? Veámoslo con un ejemplo: Si dos personas oyen un ruido en su casa en mitad de la noche, ¿las dos sentirán lo mismo?, ¿las dos sentirán, por ejemplo, miedo? La respuesta es, no necesariamente. Pongamos que una de ellas siente miedo y la otra siente indiferencia. ¿Por qué? La situación es la misma para esas dos personas, sólo que cada una interpreta ese ruido de manera diferente. El que siente miedo, probablemente habrá tenido un pensamiento (casi fugaz) del tipo “lo mismo ha entrado alguien”, y el que siente indiferencia un pensamiento (aún más fugaz) del tipo “será un portazo por la ventana abierta”.
Con este simple ejemplo vemos cómo nuestra manera de pensar o interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor influye en nuestras emociones, es decir en cómo nos sentimos. Por lo tanto, si mis pensamientos son muy negativos, lo más probable es que sienta cosas negativas. Cuánto más piense antes de una entrevista de trabajo que me va a salir mal, más nervioso me pondré.
Y lo que también es importante, según cómo pensamos y cómo nos sentimos, así solemos actuar. Volviendo al ejemplo de las dos personas que oyen un ruido en mitad de la noche. La persona que siente miedo, reaccionará actuando acorde con su miedo, se pondrá en alerta, se levantará de la cama, etc.; y la persona que no siente miedo, seguirá durmiendo plácidamente.
El que va a la entrevista de trabajo pensando que le saldrá mal, y por lo tanto hecho un «manojo de nervios», probablemente se trabe más al hablar, o se bloquee en la propia entrevista.
Por lo tanto, pensamiento-emoción-conducta forman en muchos casos “círculos viciosos” que nos llevan al malestar. La buena noticia es que este “círculo vicioso” funciona también en positivo: pensamientos positivos generan emociones positivas, que nos llevan a conductas exitosas o que nos hacen encontrarnos bien.
Sin embargo, modificar nuestros pensamientos o maneras de percibir la realidad no es tan simple o sencillo como parece. En terapia trabajamos mucho estos aspectos ayudando, no sólo a modificar o flexibilizar pensamientos, sino también a generar pensamientos alternativos o pensamientos más flexibles que nos hagan sentir mejor; y lo que también es muy importante, que nos los “creamos”. Porque por desgracia, no consiste en generar multitud de pensamientos «súper» positivos. De nada sirven si no termino creyéndomelos, puesto que engañar a nuestra mente y a nuestro cuerpo no es fácil. Es una cuestión de trabajar en ello en profundidad.










