En la terapia psicológica existen diferentes corrientes con principios y métodos de trabajo diferentes.
La Corriente Cognitivo-Conductual tiene su base en los principios del aprendizaje, tal y como mostraron en su experimentos inicialmente Pavlov (condicionamiento clásico) y posteriormente Skinner (condicionamiento operante). Precisamente, de los resultados, de este último tomamos uno de los conceptos más importantes en terapia: nos movemos por consecuencias positivas y/o negativas. Es decir, que nuestras acciones tengan consecuencias positivas aumenta la probabilidad de que volvamos a actuar así y, las consecuencias negativas, la disminuyen.
Por ejemplo, si un niño mete los dedos en el enchufe (acción) y recibe un calambrazo (consecuencia negativa), la probabilidad de que vuelva a meter los dedos en el enchufe se reduce. La acción de meter los dedos en el enchufe quedará asociada a una consecuencia muy desagradable por lo sucedido anteriormente y, aprenderá a evitar que vuelva a ocurrir (si no quiere recibir otro calambrazo). De la misma forma, cuando algo nos resulte agradable, tenderemos a repetirlo.

En algunas situaciones una acción produce efectos positivos y negativos. Esto sucede sin ser plenamente conscientes de ello, ni ser capaces de valorar las consecuencias derivadas o actuar correctamente, lo que genera un problema o malestar.
Bajo estos principios del aprendizaje, la terapia se hace eficaz y positiva, ya que todos podemos aprender y re-aprender nuevas estrategias y adaptarlas a diferentes situaciones de nuestra vida. Así, lograremos que el malestar desaparezca y seremos más eficaces.
Como su nombre indica, en la orientación Cognitivo-Conductual, el psicólogo ayuda a trabajar tanto las cogniciones (pensamientos que tenemos y/o interpretaciones que hacemos de la realidad), como las conductas (nuestras acciones, lo que hacemos). Hay otra variable muy importante, y muy relacionada, con la que también trabaja el psicólogo en la terapia: las emociones (cómo nos sentimos) que, en general, median en nuestra forma de percibir las consecuencias y de actuar.
Analizando en terapia nuestros pensamientos, emociones y acciones, podemos trabajar en aprender nuevas estrategias para afrontar todo tipo de situaciones vitales con consecuencias más positivas.
En el siguiente post veremos cómo nuestra manera de pensar influye en cómo nos sentimos y en cómo actuamos. Analizaremos cómo podemos trabajar esto en la terapia psicológica.










