Como todos sabemos, la cifra de parados ha aumentado de manera vertiginosa durante este último año, a consecuencia de la situación actual que vivimos con la pandemia de coronavirus (Covid19). Raro es el día que no se emita una noticia relacionada con la palabra “paro” y las escasas posibilidades de acceder al mundo laboral.
En nuestra consulta venimos observando cómo esta situación provoca un impacto directo y significativo en el estado de ánimo y la autoestima del que se ve afectado por esta situación, especialmente los jóvenes. Cada vez son más las personas que acuden a terapia por sentirse vacíos, desmotivados y apáticos como consecuencia de su estado actual: estoy en paro y no encuentro trabajo.
El incumplimiento de las expectativas y metas personales se asocia a un elevado nivel de frustración que condiciona la forma de sentir y de pensar del que lo sufre. Jóvenes que se han formado durante años para obtener un nivel de cualificación, que han invertido tiempo y esfuerzo en prepararse y demorar la recompensa a largo plazo, se encuentran inmersos en una situación de indefensión absoluta.
El momento vital en el que se encuentra un joven se caracteriza por la necesidad de estar activo; su organismo y su mente están preparados para rendir y ser productivos. Sin embargo, el hecho de verse envuelto en una situación de “parálisis de la actividad” que no ha elegido voluntariamente y que va en contra de esa necesidad vital, genera una serie de consecuencias psicológicas que analizaremos a continuación:
Tomemos como ejemplo la frase del escritor Charles Dickens que reza “El hombre es un animal de costumbres”. La necesidad del ser humano de tener una rutina basada en la certidumbre y la seguridad, le aporta la base para poder construirse y realizarse. De hecho, a partir de esta base, siente la necesidad de alterar esta rutina y salir de ella. El que no la tiene, no puede plantearse la posibilidad de buscar nuevas motivaciones e impulsos. A pesar de la depresión postvacacional y de la queja generalizada que manifestamos todos al tener que volver a la rutina del trabajo, el tiempo de ocio sólo puede valorarse y desearse cuando se vive como alternativa al tiempo de rutina y trabajo.
Esto es precisamente lo que le ocurre a una persona que se encuentra en paro. La ausencia de rutina y de objetivos a corto plazo (tengo demasiado tiempo libre), le hacen vivir en un permanente estado de alerta que acaba por perjudicar su estabilidad emocional y su salud física (somatizaciones y manifestaciones de su malestar y frustración a través de síntoma físicos).
El “efecto paro” lleva asociada una larga lista de “In-”, entendido como privación o negación, que condicionan a la persona y la desestabilizan:
Inactividad. Indefensión. Incapacidad. Inutilidad. Impotencia. Incertidumbre. Inquietud. Inestabilidad. Inseguridad.
En terapia planteamos una serie de objetivos específicos que permitan devolverle al paciente la sensación de control y certidumbre de su propia vida, a pesar de la ausencia de trabajo:
- Restablecer unos hábitos adecuados de alimentación, sueño e higiene.
- Aumentar el estado de ánimo y la autoestima.
- Mejorar la organización y la gestión del tiempo. Aprender a planificar actividades. Fomentar la iniciativa a la hora de buscar alternativas a la inactividad.
- Disminuir y aprender a controlar la ansiedad y los síntomas físicos.
- Disminuir y aprender a controlar los pensamientos negativos asociados al fracaso, la incapacidad y el bloqueo:
- “Me gustaría tener un trabajo decente, pero no voy a ser capaz de ello”
- “No voy a ser lo suficientemente bueno”
- “No me van a coger en ninguna parte”
- “Me veo incapaz de ponerme a buscar trabajo”
- “No tengo ganas de nada, estoy deprimido, todo me cuesta mucho”
- “Tengo miedo de no estar a la altura”
- “Últimamente me veo incapaz de hacer muchas cosas”
- “No hago nada con mi vida, sigo desorientado”
- “No hago nada más que perder el tiempo”
- “Me gustaría hacer más de lo que hago”
Inicialmente, se planifica un nuevo horario para administrar el tiempo y las actividades agradables (aprender a diferenciar entre urgente e importante) con objetivos, retos, metas y planes (qué quiero hacer y cómo). Es necesario que la persona establezca sus condiciones o mínimos a la hora de buscar trabajo. Asimismo, es fundamental que aprenda a valorar cada una de las actividades que realiza durante el día, sin compararlas con las actividades que realizaba cuando estaba en activo (vida en paro vs. vida laboral): no soy un jubilado, sino un joven en paro.
Debido a los frecuentes bloqueos que se sufre a la hora de realizar cualquier actividad, se gradúa la dificultad de las tareas diarias por aproximaciones sucesivas: comenzar el día con actividades sencillas que resulten atractivas y apetezcan para, posteriormente, ir aumentando la dificultad y complejidad.
Todas las tareas que tienen que ver con la búsqueda de empleo y que producen una elevada ansiedad, aumentan la probabilidad de abandono o evitación de la misma. Por ello, es importante planificar las actividades que se realizarán al día siguiente, así como mantener un horario en las rutinas del sueño (acostarse y levantarse a la misma hora). Aquellas actividades incompatibles con los pensamientos de agobio y bloqueo serán de especial utilidad para contrarrestarlos.
Igual de importante resulta trabajar el sentimiento de indefensión, la queja, la apatía, la pereza y la desmotivación. Todos ellos son síntomas de una incorrecta rutina que impide tener unos hábitos mínimos y una certidumbre diaria: qué puedo hacer yo para conseguir mis objetivos.
Como complemento, es necesario dotar a la persona de estrategias y recursos a la hora de buscar empleo activa y eficazmente: materiales para búsqueda de empleo, cursos de formación, links de portales de empleo y ejercicios audiovisuales y de roleplaying para aprender a hacer una entrevista correctamente (qué hacer y qué no).












