En primer lugar, realizamos una primera entrevista con cada uno por separado. El objetivo es que, de manera individual, ambos puedan explicar al terapeuta su visión del problema sin sentirse condicionados por el otro.
Tras esta primera toma de contacto, el terapeuta explica a la pareja cuáles son los factores que están generando y manteniendo el problema. Con esta devolución de información, ambos pueden comprender mejor qué es lo que crea los conflictos de la relación y el modo más eficaz de abordarlo.
Partiendo de las dificultades y tras conocer los objetivos de la pareja, se elabora un plan de tratamiento personalizado. La intervención terapéutica comienza desde la primera sesión: se les da unas pautas sobre cómo empezar a relacionarse de manera adecuada. A lo largo de toda la terapia, se pautan tareas para reforzar los contenidos trabajados durante la sesión, y analizar las posibles dificultades que hayan podido surgir al ponerlas en práctica.
El terapeuta tiene un papel neutral y su objetivo es mediar y devolver a ambos miembros de la pareja la información necesaria para su autoconocimiento, desarrollo y crecimiento. En algunos casos, se proponen sesiones individuales para abordar dificultades concretas y que pueden impedir el avance del tratamiento.